Tony Lugones: “con la música vibro, y la actuación es un desafío que me enseña a crecer”

En esta entrevista exclusiva, Tony Lugones habla sobre el lanzamiento de su primer disco Ángel o Demonio, su experiencia interpretando a Adriano en la novela Regreso al corazón, los desafíos que enfrentó y los aprendizajes que lo han acompañado desde sus inicios hasta convertirse en el artista que es hoy. Una mirada íntima a su proceso creativo, su pasión por la música y su dedicación a la actuación.

Por: Alejandro Pérez Zerquera

Tony, antes que nada, ¡felicidades por el lanzamiento de tu primer disco Ángel o Demonio! ¿Qué significa para ti este debut?

El debut de un artista, y en particular de un músico, es tener su disco, algo a lo que uno siempre aspira. Después está el resultado del disco; eso no se puede dar por hecho. Todavía el disco está en un proceso, aunque tú no lo creas; es un proceso de perfeccionamiento y correcciones. Pero ya está, ya existe, y está en manos de EGREM. Aún queda amarrar algunas cosas, pero es como el sueño deseado de todo músico, y gracias a Dios se materializó.

Yo siempre digo que cuando tú enfocas toda la fe y toda la fuerza en algo, siempre se materializa. Mi disco se llama Ángel o Demonio, y le puse así porque todos somos el ángel en la vida de alguien y el demonio en la vida de alguien, consciente o inconscientemente. Por eso se llama así. Ha tenido mucha aceptación en la gira que hicimos junto a Waldo Mendoza, quien me dio la posibilidad de cantar dos o tres canciones para experimentar con el público y ver qué pasaba, y realmente ha tenido muy buena acogida.

Estoy súper contento y es realmente un reto de mi vida que ya se ha vencido.

¿Cuántos temas incluye el álbum y qué hilo conductor une a las canciones?

El disco tiene 10 canciones y yo trato principalmente de enfocar las canciones según mis experiencias de vida, mis experiencias amorosas, mis experiencias de situaciones que he tenido en la vida, y lo que creo y quiero es que las personas se sientan identificadas, que, en cada letra, en cada historia, en cada anécdota, las personas se vean reflejadas ahí.

¿Qué artistas invitados o colaboradores formaron parte de esta producción?

Los artistas invitados han sido personas que han tenido un vínculo conmigo y que significan mucho para mí, así como otros que se esforzaron por participar y me llamaron; para mí ha sido un honor contar con ellos en el disco. Entre ellos se encuentran Waldo Mendoza, Ernesto Blanco, Iris “La Doña”, César Quintana de The Black Imperator y Mariela Cobos. Cada uno aportó su talento y energía al proyecto, y eso se refleja en el resultado final.

¿Cómo definirías el sonido del disco: ¿más cercano al ángel, al demonio… o un balance entre ambos?

Respecto al sonido del disco, siempre digo que las cosas nunca son completamente blancas ni negras. Podríamos decir que va desde la música más pura, como la blancura de un ángel, hasta la profundidad y oscuridad más intensa.

Creo que eso refleja lo que somos todos: podemos ser personas buenas, inocentes, pero también tener sentimientos oscuros o cometer acciones equivocadas.

Por eso digo que Ángel o Demonio representa precisamente eso, porque todos llevamos ambos lados dentro. Así es la vida: podemos ser el ángel en la vida de alguien o el demonio consciente en la de otra persona.

En paralelo a la música, también te hemos visto en la actuación. ¿Cómo llegaste al papel de Adriano en la novela Regreso al corazón?

En paralelo, literalmente, mientras grababa la novela también estaba trabajando en el disco. Llegué al personaje de Adriano a través de un casting. Me llamaron para hacer pruebas; no me ofrecieron el papel directamente, porque evidentemente los directores no sabían si sería adecuado, y yo tampoco lo sabía. Durante ese proceso comencé a redescubrir cosas sobre mí y sobre mi forma de actuar. Realicé tres castings con Loysis Inclán y Eduardo Eimil, dedicándome con mucho esfuerzo para construir el personaje de Adriano.

¿Cómo fue prepararte para tu primer protagónico en televisión con Adriano?

Prepararme para un personaje así fue todo un reto. En primer lugar, no sabía que el personaje era tan grande, tan valioso. Nunca imaginé que tendría mi primera participación en la televisión cubana en un programa tan visto en Cuba y en el mundo, interpretando un papel así. Al principio me asusté y me preocupé, pero luego pensé: bueno, ya estoy aquí arriba del muro, así que vamos a darle. Tuve la dicha de integrarme a un colectivo donde todas las personas se quieren y se respetan, y donde todos nos ayudamos mutuamente.

Tuve la suerte de conocer a Linda Soriano, a Yolepsis, a Perdomo… todos nos apoyamos porque era esencial lograr armonía en las escenas. Eso es lo que el público percibe: la relación entre los hermanos, la intensidad. Yo no sabía lo que implicaba construir un personaje; no entendía que se hace desde adentro hacia afuera, y viceversa. Simplemente debía interpretar a un personaje mucho más joven que yo: yo tengo 41 años, y Adriano, 20 y tantos.

Como me dice Yoel Monzón, yo no tengo una “edad televisiva”: no tengo arrugas, tengo un color de piel interesante, y mi tono de voz —supuestamente algo agudo y nasal, no grave— aporta cierto peso al personaje. También trabajé mi agilidad de movimiento con lo que tenía.

Yo no contaba con herramientas actorales previas para construir un personaje; empecé a pensar cómo piensa Adriano. Actuar como él era distinto: Adriano no tiene nada que ver con Tony. Tony es desenfadado, excéntrico, egocéntrico; no juzga, se lanza a la vida. Adriano, en cambio, es conservador, tranquilo, reflexivo; juzga, pero también actúa sin miedo contra los malhechores de manera intensa y brutal.

 ¿Qué desafíos te presentó este personaje y qué aprendizajes te dejó interpretarlo?

Adriano me trajo muchos desafíos. La gente cree que es más sencillo ser Adriano desde mi punto de vista porque simplemente soy homosexual. Y yo siempre digo: hay miles de personajes heterosexuales que hacen de heterosexuales.

No creo que eso sea motivo para juzgar mi interpretación del personaje. Adriano es un personaje apasionado, que ama la naturaleza, que ama a su familia y cuyo sueño de vida es tener hijos. Tres aspectos con los que Tony Lugones no tiene nada en común.

A partir de ahí, se trata de construir un personaje que anhele todo eso. Es un trabajo desde adentro, desde los sentimientos, desde cómo piensa y cómo habla Adriano. Su relación con su familia, especialmente con su hermana, parece marcada por la negación: aparentemente se odian, pero en realidad sus vidas están profundamente entrelazadas. La vida de Adriano es la vida de Leticia, y la de Leticia, la de Adriano.

Por supuesto, ambos aman a Alejandra, pero entre ellos hay tantos problemas y conflictos que su amor se expresa por negación; está basado en ese amor tan profundo que se tienen y con el que no saben cómo lidiar. Aprendí muchísimo durante ese proceso. Para mí, todos esos meses de rodaje —diez meses de novela— fueron la escuela que nunca tuve, la que siempre había querido, y estoy realmente eternamente agradecido.

Linda y Enriquito me enseñaron muchísimo. Estudiábamos por las noches, hacíamos círculos de estudio de verdad. Gracias a esa experiencia, ahora estoy estudiando actuación en el Instituto Superior de Arte, porque si vamos a hacer las cosas, hay que hacerlas bien.

¿Cómo fue la experiencia de compartir escena con Roberto Perdomo, Yolepsis González, Linda Soriano y Gabriela Álvarez?

Compartir escena con todos esos grandes actores, con auténticas catedrales de la actuación, al principio fue abrumador; sentía que estaba viviendo un sueño. Pero luego ellos hicieron que esa barrera de admiración y fanatismo desapareciera, y comenzamos a vernos como compañeros, con amor, cariño y respeto mutuo.

Las notas y toda la preparación que hicimos juntos fueron un proceso muy especial. Allí nadie era mejor que nadie por su trayectoria; todos éramos iguales, trabajando por un mismo resultado y viviendo el momento. Yo, por lo general, no sabía cuál sería el resultado final ni qué implicaba hacer una novela.

Disfrutaba cada escena, cada corte, cada nota, absolutamente todo. Linda, Enriquito, Gabriela, Yolepsis y Perdomo se encargaron, con tanto amor, de guiarme en las escenas y aclarar todas mis dudas desde el punto de vista actoral, y me considero realmente muy bendecido.

Entre la música y la actuación, ¿cómo haces para llevar ambas a la vez?

Entre la música y la actuación, siempre voy a preferir la música. Me encanta actuar, me fascina, pero como he dicho en todos lados: con la música, aunque no tenga un tema pegado o no llene grandes escenarios, vibro de verdad. La música me hace sentirme completamente pleno.

La actuación, para mí, todavía es un experimento; es un universo enorme que apenas he empezado a descubrir. Para mí, actuar es un desafío: es probarme a mí mismo, demostrar que puedo interpretar otras historias, otros personajes, y es, en definitiva, un verdadero reto de vida.

Mirando hacia adelante, ¿qué proyectos vienen después de Ángel o Demonio y Regreso al corazón?

Tengo muchísimos planes, pero como no se han materializado todavía y soy supersticioso, prefiero sorprender cuando salgan en lugar de especular antes. Así que, bueno, hay muchas cosas, muchísimos proyectos.

Ahora mismo estamos culminando la gira de Waldo Mendoza, Regreso al Corazón. Hemos estado en numerosas provincias y municipios del país, llevando la música y compartiendo momentos muy especiales con la gente, con las escuelas de arte, y con el público en general. Ha sido una experiencia muy gratificante para mí.

Y, por supuesto, vienen muchísimas otras cosas.

Para finalizar, ¿cuánto crees que has crecido desde tus inicios con el videoclip junto a Isis Flores hasta el Tony Lugones de hoy?

Creo que todas las personas conscientes, al mirar atrás y ver todo lo que han vivido y dejado, se sentirían como yo: agradecidas por la vida que tienen. Yo agradezco al universo, agradezco a la vida, agradezco a la gente que ha confiado en mí desde el día cero. (Mi perspectiva ha cambiado mucho).

Llegué de Trinidad a La Habana con una mano adelante y la otra atrás, sin familia y con muy pocos amigos, confiando en la suerte y trabajando muy duro. Hoy, estar donde estoy es, para mí, un privilegio y una verdadera bendición.

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