El delirio imperial frente a la resistencia de los pueblos: Trump y la fractura interna de Estados Unidos

Por: Annette Rodríguez Gutiérrez.

Mientras el escenario geopolítico global se tensa bajo las directrices de una administración que retoma las doctrinas más rancias del siglo XIX, el actual inquilino de la Casa Blanca, Donald Trump, ha intensificado una retórica que oscila entre la desmedida y el anexionismo explícito.

En recientes declaraciones que han encendido las alarmas de la comunidad internacional, el mandatario estadounidense ha reiterado su visión de un mundo subordinado a los intereses de Washington. Su discurso, marcado por una profunda hostilidad hacia la autodeterminación de las naciones, apunta con especial saña hacia Venezuela, Irán y Cuba.

Ante esta escalada de hostilidad, el Ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez Parrilla, se pronunció recientemente a través de su cuenta oficial en la red social X, sentando la posición de principios del archipiélago:

«Rechazamos enérgicamente las pretensiones anexionistas y la retórica de dominación de la actual administración de EE. UU. contra Cuba y naciones hermanas. El empeño de asfixiar nuestra economía y subvertir el orden constitucional choca contra la voluntad inquebrantable de un pueblo que no acepta tutelajes. El mundo y el propio pueblo estadounidense demandan paz, no más agresiones imperiales».

Las palabras del Canciller no solo constituyen una denuncia formal, sino que subrayan la ilegalidad internacional de las ambiciones de Trump. Al mencionar que estas políticas «chocan contra la voluntad de un pueblo», el Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba  ratifica que la soberanía nacional no es negociable. Además, Rodríguez Parrilla acierta al vincular la resistencia externa con el descontento interno en EE. UU., evidenciando que la política exterior de Trump está aislada no solo diplomáticamente, sino también de la ética de sus propios ciudadanos.

En lo que analistas describen como un intento de «recolonización energética y política», Trump ha sugerido abiertamente la posibilidad de intervenir en los destinos de Venezuela, llegando al extremo de proponer fórmulas anexionistas. Esta postura se extiende hacia el Medio Oriente, donde el respaldo irrestricto a las políticas expansionistas en Israel y la agresión contra Irán buscan consolidar un dominio absoluto sobre recursos estratégicos.

Sobre Cuba, la «eterna conquista» frustrada de diez administraciones precedentes, el discurso de Trump se ha tornado aún más agresivo al calificar al país como un «objetivo próximo», ignorando el clamor mundial que exige el fin del bloqueo.

Sin embargo, el frente interno de los Estados Unidos presenta una realidad que los grandes medios intentan matizar: el país está sumido en una ola de protestas sin precedentes. Bajo consignas como el movimiento «No Kings Day», ciudadanos de los 50 estados han tomado las plazas públicas.

Los manifestantes exigen que los fondos federales se destinen a la salud pública, no a la agresión contra Irán o el sostenimiento de conflictos externos. Sectores progresistas y movimientos de derechos civiles incluyen en sus plataformas la exigencia del levantamiento de las sanciones contra Cuba y Venezuela.

El pueblo denuncia que, mientras se intenta «exportar democracia» con bombas, en casa se erosionan las libertades civiles y se criminaliza la protesta.

La estrategia de Trump de buscar victorias externas para ocultar el caos interno parece agotarse. La resistencia de los pueblos de Cuba, Venezuela e Irán encuentra hoy un aliado en la conciencia de un sector considerable del pueblo estadounidense que se niega a ser cómplice de un nuevo ciclo de agresiones. Como bien señaló el Canciller cubano, la ruta del imperio es la de la confrontación, pero la de los pueblos es la de la soberanía y la paz.

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