Sumario: Declaradas Patrimonio Cultural de la Nación en 2012, las lecturas de tabaquería han persistido por más de un siglo en ese compendio de tradiciones que forman la cubanía. Desde la fábrica La Corona en La Habana, se eleva la historia de una de las exponentes de esta práctica con 32 años de experiencia.
Por: Gabriela Velázquez Sánchez.
Durante tres décadas en la fábrica La Corona, la voz de Odalys ha agasajado las labores de torcido. En un esfuerzo de unir su innegable pasión por la literatura con un rito que data del siglo XIX, y que ha devenido rasgo distintivo del sector tabacalero cubano, Odalys es más que una lectora: es puente entre sus compañeros de trabajo y el saber que dos veces al día les regala a través de los altavoces.
“A mí siempre me ha gustado leer, pero lo que más me ha motivado a quedarme como lectora han sido mis compañeros de trabajo. Los tabacaleros cubanos, especialmente los de La Corona, son personas excepcionales. Son personas que te invitan a quedarte, a formar parte de su vida. Somos una gran familia que a través de los años nos hemos solidificado y todos los días venimos a dar lo mejor de nosotros”, reconoce Odalys mientras las torcedoras más próximas a ella le lanzan comentarios jocosos durante la entrevista.
Lo cierto es que, pese a que el micrófono ha formado parte de su oficio desde hace 32 años, Odalys, quien también ejerciera como locutora, se muestra nerviosa ante uno que llegó en esta ocasión para captar, no las vidas de otros sino la de ella. Se percibe en sus ademanes, en el tono calmado con el que habla y en la sutil sonrisa que acompaña sus respuestas, esa satisfacción de quien se sabe útil y querido.

Ella, que hasta el año 95 desarrolló su profesión en la radio, supo de la convocatoria en una de las emblemáticas fábricas de torcido de La Habana y decidió presentarse. “Y al cabo, como de 21 días, nos hicieron una prueba final, después los trabajadores fueron quienes eligieron a quien querían que se quedara. En este caso, me eligieron a mí. Y bueno, a través de los años he aprendido todos los días un poquito de ellos porque tienen el oído agudizado”.

Desde entonces la locución de Odalys alcanzó nuevas dimensiones. De grabar en una cabina de audio para un «público sin rostro», trasladó su «hacer» diario a un lugar de trabajo donde las barreras son inadmisibles y los escuchas son más que cifras de audiencia, son una familia que horas de risas y esperas amargas han convertido en verdadera.
Con la rutina, nace el oficio y el de Odalys tiene mucho de historia, la de un pueblo y su camino a forjar su idiosincrasia. El surgimiento de las lecturas de tabaquería no tiene una fecha exacta. En 1839 Quiroga, joven intelectual de La Coruña visitó la Isla y al año siguiente publicó en Madrid su libro Viaje a Cuba. De su recorrido por los campos de La Habana, en los cuales acudió a ingenios y cafetales, Quiroga manifestó que invertir las silenciosas horas de escogida de café en la divulgación de novelas y noticias contribuiría al bagaje cultural de los esclavos.
Podría ser ese el primer antecedente de esta actividad, aunque no sería imprudente afirmar que antes de ser tradición, constituía la cotidianidad de las tribus indias. Mientras el behique exhalaba historias con aroma a tabaco, el resto de la comunidad imaginaba siluetas que emanaban de la humareda.
Fernando Ortiz, que en la cubanía sentó catedra, subrayó en su libro El contrapunteo cubano del tabaco y el azúcar que, según el Reverendo Manuel Deulofeo, donde primero hubo un lector de tabaquería fue en la villa de Bejucal, en 1864, llamado Antonio Leal. Y que: «en La Habana la lectura se introdujo en las tabaquerías en 1865, a impulso de Nicolás Azcárate y fue la fábrica El Fígaro, la primera que permitió la lectura en sus talleres».
Más de un siglo de práctica ininterrumpida le ganaron a esta actividad la designación de Patrimonio Cultural de la Nación, sin embargo, poco ha cambiado el tiempo sus esencias. Aún hoy en La Corona una comisión de lectura, en la cual se discuten los temas de lectura semanales. Semejante a una democracia parlamentaria, quienes participan dan varios títulos, y el consenso determinará si las horas de trabajo transcurrirán entre el drama histórico, una novela negra o el romance de un amor imposible.
“En las noticias se lee lo más importante, internacional, nacional, deportivo y cultural y también la programación de la televisión. Leo también los cumpleaños de los trabajadores, una frase para el día, el menú de lo que tendremos de almuerzo y de merienda. En fin, un compendio de cosas que hacen la vida a diferentes turnos más agradable”.

Diariamente, Odalys informa del acontecer nacional e internacional, provoca exaltaciones cuando lee el pasaje de alguna novela o invita a la reflexión cuando evoca palabras sabias. Para ella tradición encarna una familia, esa que acompaña sus lecturas al ritmo de las chavetas.
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